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LIBERALISMO TICO
Enrique Ghersi*
Abril 1998
LIMA (AIPE).- Miguel Angel Rodríguez fue electo presidente de
Costa Rica el 1° de febrero y toma posesión del cargo el
8 de mayo. Lo conocí en 1986, durante la conferencia organizada
por el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas
(INCAE) para discutir la mejora y modernización del estado. Recuerdo
que le tocó debatir con Carlos Manuel Castillo, quien era por
entonces precandidato presidencial de Liberación, el partido
socialdemócrata costarricense. El debate entre ambos me llamó
poderosamente la atención. Pocas veces he visto un nivel de tanta
altura y profundidad en el tratamiento de los diferentes problemas económicos,
especialmente en lo relativo al mercado y la privatización, por
entonces todavía considerados “malas palabras” en
América Latina. Advertí ahí que, además
de la proverbial ecuanimidad de los “ticos”, Rodríguez
es un político muy especial.
Rodríguez escribió su tesis de grado sobre Ludwig von
Mises y desde entonces es autor de media docena de libros sobre el pensamiento
liberal y, en especial, sobre Hayek. Iniciado en las lides políticas
por su maestro Alberto Di Mare, ocupa luego las máximas responsabilidades:
ministro, presidente de la Asamblea nacional. Precandidato contra Manuel
Angel Calderón en los comicios internos por el Partido Unidad
Social Cristiana, persiste cuatro años después logrando
la nominación de su colectividad y pierde las elecciones frente
a José Figueres Olsen, actual presidente, por muy escaso margen.
Ahora acaba de erigirse triunfalmente como mandatario costarricense
al tercer intento.
La trayectoria de Miguel Angel Rodríguez contradice, por lo
demás, una falsa verdad de la ciencia política latinoamericana.
A saber, que los economistas no pueden ser buenos políticos ni,
mucho menos, ganar elecciones.
Con una gran responsabilidad, desarrolló una campaña
donde la mesura le obligó a atenuar el optimismo de sus políticas
y donde, ni el sombrío panorama que le deja la administración
Figueres, le hizo perder la calma. Costa Rica es tan singular como su
nuevo mandatario. Con tres millones de habitantes, sin analfabetos,
y en ejemplar democracia, resulta una auténtica isla de estabilidad
en el continente. Ello no obstante, desde la revolución del 48
la afligen los mitos más pesados del socialismo que, a fines
de siglo, deben desecharse para garantizar la continuidad democrática
y asegurar el despegue económico.
Rodríguez es un liberal de la mejor escuela, que en momentos
en que la izquierda latinoamericana grita que el liberalismo nuevamente
ha muerto, confirma el vigor y la presencia de las ideas de la libertad.
El mensaje es muy claro. Costa Rica ha elegido para llevar a cabo,
dentro del respeto irrestricto por el estado de derecho, la reforma
liberal que se necesita para superar el anquilosado modelo socialdemócrata
que José Figueres fundó y que su hijo, José Figueres
Olsen, agotó. ©
___* Abogado y escritor peruano, coautor de “El
otro sendero”. |
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