LIMA (AIPE).- La palabra social se ha convertido en una de las grandes trampas semánticas de la política contemporánea. Se la usa como una especie de comodín que tiene la particularidad de imprimirle a los conceptos un significado completamente distinto del que poseen.
En general diera la impresión de que todos los que no creen en algo, pero que no se atreven a decirlo, recurren al fácil expediente de calificarlo de "social", dando a entender de esta forma que quieren decir lo opuesto. Así, por ejemplo, se habla de justicia social para no hablar de justicia; o de democracia social para no hablar de democracia; o de estado social de derecho para no hablar de estado de derecho.
Un caso lamentablemente muy difundido es el de la llamada economía social de mercado. En efecto, los enemigos de la libre iniciativa generalmente hablan de economía social de mercado como estratagema política para no hablar de economía de mercado, y creen que es una especie de socialización de los mercados o una variante novedosa del intervencionismo estatal. Así, el mentado término se ha ido convirtiendo en un refugio de muchos prejuicios contra la libertad.
No obstante, las personas que piensan en esa forma, ignoran que la economía social de mercado es una doctrina económica conocida como "ordoliberalismo" porque fue en la revista Ordo -publicada en Alemania durante el nazismo- que Wilhelm Röpke, Alfred Müller Armack, Walter Eucken y Ludwig Erhard desarrollaron por primera vez sus conceptos.
En base a esas ideas, la economía social de mercado elaboró una serie de prescripciones para regular los mercados que sintetizó en la subsidiariedad y la complementariedad. Con la subsidiariedad trataba de decir que al Estado le correspondía un papel subsidiario en la actividad económica, a fin de compensar las imperfecciones del mercado. Por su parte, con la complementariedad trataba de decir que al Estado le correspondía una función complementaria de la actividad privada para desarrollar aquellas actividades económicas que, por diferentes motivos, la iniciativa privada no era capaz de afrontar.
Políticamente, la economía social de mercado fue adoptada por los demócratacristianos alemanes y por la facción de la Internacional Demócrata Cristiana bajo su influencia. A través suyo llegó a América Latina.
En el Perú, la Constitución de 1979 consagró, aunque equivocadamente, la economía social de mercado como el régimen dentro del cual se desarrolla la iniciativa privada, como consecuencia de una exitosa negociación política al interior de la Asamblea Constituyente de 1978.
En la Constitución de 1994, lamentablemente, se ha reproducido el concepto, sin advertir que su utilización por oposición a la economía de mercado pura y simple ha sido, paradójicamente, uno de los pretextos más fuertemente utilizados para tratar de imponer políticas colectivistas. Tal fue el caso del gobierno de Alan García, donde se trató de imponer la estatización de los bancos, el control de precios y la intervención estatal apelando a la justificación de que, como era una economía social de mercado y no una economía de mercado lo que la Constitución prescribía, era posible aplicar cualquier desvarío estatista.
Con el desarrollo de la ciencia económica, la teoría de los defectos del mercado que sirvió de fundamento a la economía social de mercado fue reemplazada por la teoría de los defectos de la regulación al advertirse que las presuntas imperfecciones del mercado eran, en realidad, imperfecciones de la intervención estatal, supuestamente encargada de corregirlas.
De esta manera, los fundamentos teóricos de la economía social de mercado cayeron por tierra y la modernidad de sus propuestas empezó a ser severamente puesta en duda. Hoy es necesario que tales cuestionamientos se reflejen en la vida política para declarar la total caducidad del concepto.
Según una vieja leyenda europea, la comadreja es un animal capaz de succionar el contenido de un huevo sin romper la cáscara. Para el Premio Nobel de economía Friedrich Hayek hay palabras que, como la comadreja, tienen la particularidad de succionar el significado de otras. La palabra social es una de ellas y, por tanto, hablar de economía social de mercado no sólo es una ambigüedad semántica sino una trampa mortal.
* Abogado, político y escritor peruano, coautor de < >. (693 palabras) |