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LA FATIGA DE LA REFORMA
Enrique Ghersi*
Octubre 1997
LIMA (AIPE).- Después de un proceso bastante acelerado de transformaciones
con resultados económicos en algunos casos notables, América
Latina parece exhibir lo que el ex ministro chileno Carlos Cáceres
ha llamado “la fatiga de la reforma”.
Con diferente intensidad este síndrome está expandiéndose
por la región. Chile, resignado a sus triunfos del pasado, empieza
a desandar el camino peligrosamente, al punto que el presidente Eduardo
Frei ya habla de incrementar el tamaño del estado. Argentina,
con mayor dramatismo, aumenta ya el presupuesto fiscal para combatir
el desempleo, sin prevenir las funestas consecuencias que devendrán
de ello. Bolivia nunca pudo sincerar sus problemas y se arrojó
en un fallido proceso privatizador que, bajo el nombre de capitalización,
convirtió a todo el país en una inmensa empresa mixta:
la más corrupta de las opciones. Ni qué decir de Venezuela
y el Ecuador.
Pero entre todos los países latinoamericanos con “fatiga
de la reforma” el más afectado es el Perú. El régimen
fujimorista, acosado políticamente por sus múltiples errores,
prácticamente ha detenido todas sus transformaciones económicas,
pese a haber logrado resultados bastante alentadores.
Pero no sólo ello, sino que además ha empezado a dar
marcha atrás en algunos temas de gran trascendencia económica.
Por ejemplo, el gobierno acaba de anunciar que subsidiará las
tarifas de energía eléctrica y telefónicas en los
sectores populares, buscando recuperar en algo su alicaída influencia
política.
Aunque muy criticadas por su timidez, las reformas fujimoristas habían
tocado algunos puntos esenciales. Se empezó a privatizar, se
adoptó el sistema chileno de jubilación, se eliminaron
barreras en el acceso a los mercados, se liberalizaron las tasas de
interés, se redujeron sensiblemente los aranceles y se derogaron
algunas restricciones a la libre movilidad de los factores de producción.
No obstante, ahora el régimen da la impresión de no querer
ir más allá, ni siquiera en la corrección de sus
múltiples equivocaciones. Por ejemplo, la privatización
en el Perú ha tenido experiencias asimétricas y muy diferentes.
En algunos casos se vendieron las empresas públicas sin conceder
privilegio alguno a sus compradores y en un ambiente competitivo. En
otros, se transformó un monopolio estatal en monopolio privado
y nada más. En consecuencia, han empezado a surgir, inclusive,
instancias y entidades reguladoras sumamente peligrosas para el mantenimiento
de una economía libre.
Una de ellas, el Instituto de Defensa de la Libre Competencia y la
Propiedad Intelectual (INDECOPI) es tal vez el ejemplo más temible
del renacimiento burocrático. Siendo una mezcla de registro de
patentes y marcas, juez de quiebras, protector del consumidor y control
del libre comercio, el INDECOPI ha ido asumiendo cada vez mayores competencias
hasta convertirse en una verdadera policía económica,
al punto que su propio creador, el otrora ministro de Economía
Carlos Boloña, le ha pedido excusas al país por crear
tamaño Frankestein.
Las razones de esta fatiga pueden ser muchas. Timidez ideológica.
Falta de convicción. Cálculo político. Crisis de
legitimidad. Carencia de iniciativas. Pura ignorancia. Cualquiera sea
la combinación, el hecho es que ya se detuvo el camino hacia
la transformación económica. El futuro que se abre es
probablemente uno bastante tradicional en la política latinoamericana:
desandar el camino y regresar a las prácticas populistas para
tratar de conservar y, si se puede, aumentar el respaldo político
de los gobernantes. El resultado será, sin duda, lamentable:
la reaparición de la demagogia y la irresponsabilidad, hermanas
gemelas de la crisis económica que no aprendemos todavía
a superar. ©
_____* Abogado peruano, director del Centro de Investigación
y Estudios Legales (CITEL).
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