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Cólera  e Imperalismo Sanitario


Febrero 1996

LIMA (AIPE).- En enero de 1991 se declaró una epidemia de cólera en el Perú que le costó la vida a cerca de 20.000 personas en cinco años y afectó a otras 310.000. La epidemia se propagó por 14 países del continente americano hasta llegar a convertirse, según la Organización Mundial de la Salud, en la séptima pandemia más letal de este siglo.

Pese a su virulencia, las causas de esta epidemia han estado rodeadas de un sospechoso misterio. Generalmente se asocian con la ingestión de pescado contaminado en algunos puertos peruanos del Pacífico, específicamente Chimbote y Chancay, donde empezó la epidemia. Se señalan como causas también la insuficiencia de servicios de agua potable y defectos en la red que la provee.

Ello no obstante, las más recientes investigaciones revelan un hecho aterrador. Al parecer, la causa del cólera fue la reducción de la cantidad de cloro en el agua dispuesta por el gobierno peruano como consecuencia de los consejos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés).

Según un informe de la Organización Panamericana de la Salud, aparentemente se habría reducido a 0,2 miligramos por litro la cantidad de cloro que los acueductos peruanos añadían al agua. El promedio internacional ponderado es de 0,3 miligramos por litro. Como el Perú no se encuentra en la media de salubridad y su infraestructura sanitaria es deficiente, el nivel óptimo hubiera estado más bien entre 0,35 y 0,4 miligramos por litro. Sin embargo, como los grupos ecológicos han persuadido a la EPA de que el cloro causa cáncer, especialmente cuando se descompone en trialometanos al contacto con materia orgánica, la autoridades estadounidenses recomiendan una reducción del cloro.

Tratando de colocarse a la vanguardia de la tecnología, los burócratas peruanos habrían seguido la recomendación de los ambientalistas durante 1990, creando una reducción de la barrera química contra las enfermedades en el agua potable, de suerte que en enero de 1991 se declaró la epidemia.

Aparentemente lo que sucedió fue que los funcionarios peruanos quisieron ponerse en la moda ecológica y convirtieron en “verde” el agua potable. Pero era el verde de la contaminación. El verde del cólera.

Se trata, pues, de una lamentable y trágica negligencia que va a dar lugar a múltiples escándalos. De hecho existe una inexcusable irresponsabilidad de los funcionarios peruanos que mancha con un crimen más al gobierno de Alan García. Pero es también cierto que la responsabilidad de las autoridades norteamericanas se hace inocultable, al extremo de abrirse posibilidades de que los familiares de los muertos por el cólera enjuicien al gobierno norteamericano para conseguir una justa indemnización.

La EPA se convertiría así en responsable de uno de los genocidios más grandes de la historia del continente americano; el cual, vista la persistente campaña que ella hace para suprimir el cloro del agua en Estados Unidos y otros países del mundo, se convierte en una trágica advertencia. La comunidad internacional no puede permitir que la demagogia y la irresponsabilidad ecologista destruyan los precarios logros de la salubridad pública.

Este caso es, ciertamente, una tragedia, pero enseña cómo las inadecuadas recomendaciones de los ecologistas pueden hacer daño, al extremo de condenar a muerte a decenas de miles de personas. Los prejuicios ideológicos pueden convertirse fácilmente en armas letales cuando se convierten en regulaciones públicas.

Probablemente el cloro tiene ciertos riesgos, pero un análisis de costo/beneficio no puede hacerse en este caso entre el cáncer y el no cáncer solamente, sino entre el cáncer y el cólera. No vaya a ser que por pretender alcanzar un futuro “políticamente correcto” regresemos al más aterrador de los pasados.

_____* Abogado y periodista peruano. (615 palabras)

 

 

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